Los 10 coches más caros vendidos en una subasta
Un Mercedes de 142 millones de dólares, siete Ferrari y dos Flechas de Plata: los diez precios más altos pagados por un coche en subasta pública, y por qué.

Estos son los precios más altos que se han pagado nunca por un coche en una subasta pública, con las comisiones incluidas cuando la casa las hizo públicas. Todos los titulares van en dólares para que la lista se pueda leer de arriba abajo; entre paréntesis queda lo que de verdad se remató en la sala. Nueve de los diez se construyeron entre 1954 y 1967, casi todos para competir, y casi todos en una de dos fábricas. La cima de este mercado es estrechísima.
Las ventas privadas quedan fuera. También todo lo que se cerró a puerta cerrada, lo que deja fuera varios coches que, según se cree, cambiaron de manos por más dinero que los de esta lista.
1. Mercedes-Benz 300 SLR Uhlenhaut Coupé de 1955 — 142 millones de dólares (135 millones de euros)
RM Sotheby's, en el Museo Mercedes-Benz de Stuttgart, mayo de 2022. Mercedes vendió uno de los dos que tiene, de su propia colección, y destinó lo recaudado a un fondo de becas en ciencias ambientales y descarbonización. El comprador privado aceptó que el coche siguiera exhibiéndose en público de vez en cuando. Lleva el nombre de Rudolf Uhlenhaut, el ingeniero que lo hizo posible, y el segundo coche se quedó en el museo.
2. Mercedes-Benz W 196 R Stromlinienwagen de 1954 — 53,9 millones de dólares (51.155.000 euros)
RM Sotheby's, Stuttgart, febrero de 2025, y el coche de Gran Premio más caro vendido nunca. Fangio ganó con él el Gran Premio de Buenos Aires de 1955 y Stirling Moss firmó con él la vuelta rápida en Monza aquella misma temporada. Es uno de los cuatro W 196 carenados que se construyeron. Llevaba en el museo del Indianapolis Motor Speedway desde que Daimler-Benz se lo regaló en 1965.
3. Ferrari 330 LM / 250 GTO de 1962 — 51.705.000 dólares
RM Sotheby's, Nueva York, noviembre de 2023, encajado en mitad de la temporada de subastas de arte y no en una venta de automóviles. El chasis 3765 es el único coche con carrocería GTO que corrió el propio equipo de fábrica, la Scuderia Ferrari, y ganó su categoría en los 1000 km de Nürburgring de 1962. Llevaba una estimación de 60 millones de dólares y no llegó, cosa que conviene recordar la próxima vez que alguien proponga un precio de reserva.
4. Ferrari 250 GTO de 1962 — 48.405.000 dólares
RM Sotheby's, Monterey, agosto de 2018. Las pujas salieron desde 35 millones de dólares y tres coleccionistas se lo disputaron por teléfono. Ferrari construyó treinta y seis 250 GTO y de casi todos ellos existe una historia documentada, que es buena parte de la razón por la que cuestan lo que cuestan.
5. Ferrari 250 GTO «Bianco Speciale» de 1962 — 38,5 millones de dólares
Mecum, Kissimmee, enero de 2026. El chasis 3729 es el único 250 GTO que la fábrica entregó en blanco, y se lo llevó el coleccionista californiano David Lee. Fue la venta más grande de la historia de Mecum, en una semana de subastas que movió 441 millones de dólares en total.
6. Ferrari 250 GTO de 1962 — 38.115.000 dólares
Bonhams, Quail Lodge, Carmel, agosto de 2014. En su momento fue el coche más caro vendido nunca en subasta pública, y fue la venta que hizo que el resto del mundo empezara a fijarse en los Ferrari antiguos. Dos años después ya lo habían superado.
7. Ferrari 335 S de 1957 — 35.763.848 dólares (32.075.200 euros)
Artcurial, en el salón Rétromobile de París, febrero de 2016, por 32.075.200 euros. El chasis 0674 salió de la colección de Pierre Bardinon en Mas du Clos, donde llevaba más de cuarenta años junto a otros cincuenta Ferrari de fábrica. Según la moneda desde la que se convierta, tuvo brevemente el récord mundial.
8. Ferrari 412P Berlinetta de 1967 — 30.255.000 dólares
Bonhams, Quail Lodge, agosto de 2023. El 412P era la versión para clientes del prototipo oficial de Ferrari, fabricado en cantidades mínimas para que los equipos privados pudieran medirse con los Ford GT40. Coches así casi nunca salen a la venta, porque quien los tiene lleva décadas teniéndolos.
9. Mercedes-Benz W196 de 1954 — 29.650.095 dólares
Bonhams, en el Festival of Speed de Goodwood, julio de 2013. Fangio lo llevó a la victoria en los Grandes Premios de Alemania y de Suiza en 1954. Venderlo en mitad de un festival del motor, delante de gente que había ido a ver coches subiendo una cuesta, fue una decisión deliberada y funcionó.
10. Ferrari 290 MM de 1956 — 28.050.000 dólares
RM Sotheby's, Nueva York, diciembre de 2015. Construido para que Fangio corriera con él las Mille Miglia de 1956, la carrera de mil millas por carretera a través de Italia. Tres años después salió un segundo 290 MM que hizo 22 millones de dólares, lo que recuerda que dos coches casi idénticos pueden estar separados por diez millones solo por el papeleo.
Qué puede sacar de aquí una sala con veinte lotes
Quítale el dinero y son subastas normales. Alguien puso un precio de salida, otro decidió no parar y un reloj se acabó. Esas mismas tres cosas deciden lo que hace una casa rural donada un viernes por la noche en el salón de actos de un colegio.
Empieza por la historia, porque es lo que se vende de verdad. Dos 290 MM, diez millones de diferencia. Lo que los separa es un nombre en la documentación. Tu versión de eso es la frase que a nadie se le ocurre escribir: quién lo dona, por qué, cuánto tiempo lleva haciéndolo y qué pasó la última vez. Un lote descrito como «una comida fuera» y un lote descrito como «cena para ocho cocinada por Marta, que lleva diecinueve años con la panadería y nunca le ha enseñado a nadie de fuera de la familia» no son el mismo lote. En las asociaciones suele haber una sala llena de ese material y ninguna costumbre de usarlo.
Después, abre bajo. Aquel 250 GTO salió desde 35 millones y cerró en 48,4. Las casas de subastas no abren cerca del precio esperado, porque un precio de salida alto termina la competición antes de que nadie haya entrado en calor. Quien organiza como voluntario hace justo lo contrario: sabe que la cesta vale 80 euros, la saca en 80 y no pasa nada. Sácala en 15. Deja que trabaje la sala.
Y luego déjalo correr, y que se vea correr. En una sala de subastas el subastador canta cada puja mínima en voz alta, así que quien puja sabe exactamente qué le cuesta seguir dentro, y esa visibilidad es casi todo el motivo de que el precio suba. Una sala corriente consigue el mismo efecto con un código junto a cada lote y una pantalla delante con la puja actual y los segundos que quedan; cómo transcurre una velada explica qué se ve en esa pantalla y qué ocurre cuando entra una puja a cuatro segundos del final.
Una última cosa, sacada del número uno de la lista. Mercedes vendió el Uhlenhaut Coupé para financiar becas, y lo dijo antes de la venta. Todo el mundo en aquella sala sabía para qué era el dinero. Esa es la única ventaja que tienes sobre cualquier sala de subastas profesional del mundo, y vive en el total acumulado de la pantalla. Si quieres ver cómo quedan tus veinte lotes en un móvil, puedes montar la velada entera y ensayarla sin pagar nada, y la guía para organizadores tiene el orden de la noche.
Precios tal como se informaron en el momento de la venta, con comisión del comprador cuando se indicó.
También merece la pena
Otra cara de la noche — a propósito, y no más de lo mismo.
Montarla no cuesta nada, y puedes ensayar la noche entera antes de decidir.
Empezar a montarla

