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2 de julio de 2026 · La noche

¿Cómo se puja con el móvil en una subasta? QR, sin app

Cómo se puja con el móvil en una subasta benéfica: escaneas un QR, pujas en el navegador y te avisan. Qué hay que imprimir, decir, probar y prever de antemano.

¿Cómo se puja con el móvil en una subasta? QR, sin app
Foto: cottonbro studio via Pexels

Pujar con el móvil significa que los invitados pujan desde su propio teléfono en vez de escribir en una hoja de papel. En las subastas benéficas de hoy funciona sin app y sin cuenta: el invitado escanea un código QR, se le abre una página web, escribe un nombre y una cifra, y ya está.

La experiencia del invitado, paso a paso

  • Al lado de cada lote, o en cada mesa, hay una tarjeta con un código QR.
  • El invitado apunta con la cámara del móvil. Se abre la página del lote en el navegador de siempre. Nada que instalar, nada a lo que apuntarse.
  • La página enseña la foto del lote, la descripción, el valor estimado, la puja más alta en ese momento y la siguiente puja mínima.
  • Escribe un nombre y un correo una sola vez, toca para pujar, confirma.
  • Si alguien le supera después, le llega un aviso o un correo y puede volver a subir desde donde esté: su silla, la barra, el aparcamiento, su casa.

Por qué gana a las hojas de puja

El papel tiene tres problemas callados. El invitado tiene que volver andando hasta la mesa para saber si le han superado, así que casi nadie lo hace y las pujas se mueren después de la primera vuelta a la sala. La letra a mano genera discusiones: ¿eso era 85 o 35? Y al cerrar, unos voluntarios descifran y suman cuarenta hojas a mano mientras los invitados esperan de pie con el abrigo puesto. Con el móvil desaparecen los tres. A cada invitado superado se le avisa en el momento exacto en que es más probable que vuelva a pujar, las cifras no admiten interpretación, y cuando se acaba el tiempo los ganadores simplemente se saben.

La demostración de noventa segundos

Las instrucciones desde el escenario hacen mucho menos que una demostración en vivo. Levanta una tarjeta de mesa, escanéala con tu propio móvil, puja 10 euros en el lote más barato y señala la pantalla grande donde aparece. Noventa segundos, sin explicar qué es un código QR, y la sala lo ha entendido. Hazlo antes del primer plato y no después del postre, porque la primera puja de la noche es la que desbloquea todas las demás.

Di dos cosas mientras estás ahí arriba. Que el correo solo se usa para mandarle su factura al final. Y que se puede pujar desde la silla: hay una cantidad sorprendente de invitados que da por hecho que hay que estar de pie al lado del objeto.

Qué tiene que preparar quien organiza

  • Cobertura. Los invitados gastan sus propios datos, así que no necesitas wifi, pero comprueba la señal en el extremo del fondo y en el rincón de detrás de la columna, no en la entrada, que es donde estás tú. Si el salón es una zona muerta, consigue la contraseña del wifi del local e imprímela en todas las tarjetas.
  • Tarjetas impresas. Una al lado de cada lote y una general por mesa. A6 es el mínimo práctico, con el QR de cuatro centímetros de lado como poco, oscuro sobre fondo claro, en mate y no en brillo. Una cartulina brillante bajo un foco no se escanea.
  • Una prueba de imprenta. Imprime una tarjeta tal y como se va a producir y escanéala a un palmo, con poca luz y con un móvil viejo. Casi todos los problemas de QR se cazan en esa prueba de treinta segundos y casi nadie la hace.
  • Ayudantes que circulen. Dos por cada cien invitados, con el encargo de ofrecerse en vez de esperar.
  • Un plan B para quien no lleve móvil. Un voluntario con una tableta puede pujar en nombre de cualquiera.

La tarjeta que miraba a la pared

Una gala, lote 14, una fotografía enmarcada sobre un caballete. A los veinte minutos una voluntaria se da cuenta de que no tiene ninguna puja, mientras los dos lotes de al lado llevan siete cada uno. El objeto no es el problema: la tarjeta con el QR estaba apoyada detrás del marco, donde el caballete la tapa, y nadie ha dado la vuelta por detrás en toda la noche. Se mueve la tarjeta al frente de la mesa y el lote recoge cinco pujas en el cuarto de hora siguiente.

Este es el fallo más común de una subasta por móvil, y se parece exactamente a un lote que no quiere nadie. Dale a un voluntario el trabajo de mirar, veinte minutos después de abrir, qué lotes siguen a cero. Ocho de cada diez veces es la tarjeta y no el objeto: boca abajo, detrás de algo, o en un rincón al que no llega la luz.

¿Se apaña un público mayor?

Mejor de lo que teme casi todo el que organiza. Escanear un QR se volvió universal en los años de la pandemia, y la página de pujas no pide nada más difícil que un número. Lo que de verdad frena a la gente no es la cámara, es la casilla del correo: un invitado que no tiene claro para qué le pides su dirección deja el móvil en la mesa. Una frase desde el escenario sobre la factura lo resuelve.

Los casos que conviene decidir antes

  • Una puja sin querer. Hay un paso de confirmación, pero alguien va a pujar 500 euros con el pulgar igualmente. Decide de antemano qué persona, una sola, puede quitar una puja, y que el resto pueda decir «voy a buscar a Ana».
  • Un móvil sin batería a las diez. Ten un enchufe y un cable en la mesa de cobro. Es una solución de dos euros para alguien que si no dejaría de pujar.
  • Un móvil para dos. Las parejas comparten el aparato todo el rato. Que pujen a un solo nombre y lo arregláis al cobrar; no intentes vigilarlo.
  • Quien se va pronto. Se le puede superar y puede ganar igualmente. Dilo en voz alta, y asegúrate de que el correo de cobro sale esté quien esté en la sala.
  • Pujas en el último segundo. Sin una prórroga automática, un lote que recibe una puja tres segundos antes de la hora produce la queja más ruidosa de la noche. Alarga dos minutos cualquier lote que reciba una puja en su último minuto, y anuncia que funciona así antes de abrir.
  • La numeración. El número de la tarjeta, el de la pantalla y el del programa tienen que coincidir exactamente. Un desajuste genera la confusión de toda la velada.

Cierra por tandas, y cierra pronto

No cierres cuarenta lotes a las diez de golpe. Cierra en tres tandas separadas veinte minutos, para que la sala tenga tres momentos de tensión en vez de uno y tus ayudantes puedan resolver los problemas tanda a tanda. Y cierra mientras la gente sigue ahí: las 21:30 con el postre en la mesa recauda más que las 23:00, cuando un tercio de la sala se ha ido a casa y ha dejado de mirar el móvil.

Qué cambia en la velada

Pujar deja de ser un recado y se convierte en un juego de fondo que dura toda la noche. Los invitados pujan desde su silla. La gente más callada puja más, porque nadie la ve hacerlo. Y los totales se mueven a saltos visibles: entre treinta y sesenta segundos después de cada tanda de avisos, el número de la pantalla grande sube, y la sala lo nota y responde.

El mismo enlace vale para quien no está en el edificio, que es todo lo que es en realidad una velada híbrida. En cómo funciona está la mecánica del QR; para galas y cenas benéficas y para asociaciones los pasos prácticos están en empezar, y las preguntas concretas se contestan en las páginas de ayuda.

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