Los 10 juguetes y juegos más caros vendidos en subasta
De un oso Steiff de dos millones de dólares a una pieza de ajedrez comprada por cinco libras: diez récords verificados de juguetes y juegos en subasta.

Los juguetes se hacen para romperse. Esa es su gracia, y también la razón de que los que sobreviven en su caja, sin haber jugado nunca con ellos, acaben en una sala de subastas al lado de los cuadros. Un juguete en estado perfecto es la prueba de que a algún niño le negaron algo.
Un aviso antes de la lista. Muchísimos de los precios de juguetes que circulan por internet no son resultados de subasta. El famoso prototipo de Hot Wheels, la carta Pokémon calificada que batió récords, varias figuras de acción de seis cifras: todo eso cambió de manos en privado, entre marchantes y coleccionistas, y nadie está obligado a publicar la cifra real. Todo lo de abajo se vendió en una venta pública, con casa y fecha. Y como una clasificación que salta de moneda en moneda no clasifica nada, cada titular da el importe en dólares, con la moneda del remate entre paréntesis.
1. Oso de peluche Steiff Louis Vuitton — 2,1 millones de dólares
Vendido en una subasta benéfica en Mónaco en el año 2000, y todavía el oso de peluche más caro jamás vendido. Lo hizo Steiff con tela del monograma de Louis Vuitton, con ojos de zafiro y diamante y herrajes de oro, y existe únicamente porque existía aquella venta. Se lo llevó un comprador coreano y acabó en un museo del oso de peluche. El juguete más caro de esta página fue un lote de recaudación, y conviene recordarlo.
2. Super Mario 64 precintado — 1.560.000 dólares
Heritage Auctions, julio de 2021. Una copia precintada de fábrica y calificada del juego de Nintendo 64 de 1996, y el precio más alto pagado nunca por un videojuego en subasta. Se vendieron millones de copias; casi nadie guardó una cerrada. Lo que se pujaba no era el juego, sino el precinto, verificado por una empresa de calificación independiente: la misma lógica que gobierna monedas y cómics.
3. Una pieza de ajedrez de Lewis, siglo XII — casi 1 millón de dólares (735.000 libras)
Sotheby's, Londres, julio de 2019, récord para una pieza de ajedrez medieval. Las piezas de Lewis aparecieron en la isla de Lewis en 1831 y casi todas están en el British Museum, pero faltaban cinco. Esta, un guardián, la había comprado un anticuario de Edimburgo por cinco libras en 1964 y su familia la tuvo cincuenta y cinco años en un cajón sin saber qué era. Marfil de morsa, unas cuatro pulgadas de alto.
4. Transatlántico «Amerika» de Märklin — 271.400 dólares
Bertoia Auctions, mayo de 2016, salido de un desván. La firma alemana Märklin hacía grandes barcos de hojalata a principios del siglo XX y este mide treinta y ocho pulgadas de largo, con sus botes salvavidas, mástiles y cuatro chimeneas todavía puestos. Se vendió por casi cuatro veces su estimación alta a un comprador europeo anónimo. La explicación de Bertoia para su estado fue que décadas de polvo habían protegido la pintura.
5. Vapor de ruedas «Chicago» de Märklin — 264.000 dólares
Bertoia Auctions, noviembre de 2012, de la colección Dick Claus. Tuvo el récord mundial de un barco de juguete hasta que el Amerika se lo quitó cuatro años después. Que dos barcos del mismo fabricante estén en lo alto de la misma categoría no es casualidad: la hojalata de Märklin era cara cuando era nueva, así que hubo menos y con dueños más cuidadosos.
6. Steiff «Teddy Girl», 1904 — unos 165.000 dólares
Vendida en subasta en 1994, récord de un oso de peluche que aguantó años. Es uno de los primeros osos Steiff y había pertenecido a una sola familia inglesa que conservaba fotografías de la osa en brazos. En el mundo del juguete, la procedencia suele ser un álbum familiar y no un certificado.
7. Super Mario Bros. precintado — 114.000 dólares
Vendido en julio de 2020, y en ese momento el precio más alto pagado por un solo videojuego. Un año antes, en 2019, una copia precintada comparable había hecho poco más de 100.000 dólares, y ya aquello se consideró extraordinario. El salto de cien mil a millón y medio en dos años es la revalorización más rápida de cualquier categoría de esta página, y no todo el oficio cree que vaya a aguantar.
8. Coche de payaso de Märklin, 1909 — 103.500 dólares
Bertoia Auctions, abril de 2009, de la colección Donald Kaufman. Un payaso de hojalata pintado a mano conduciendo un carro, estimado entre treinta y cuarenta mil dólares y vendido por más del doble del techo a un pujador europeo anónimo. Es un juguete que la mayoría de coleccionistas solo había visto en libros, que es lo que suele hacer falta para un resultado así.
9. Oso Arlequín de Steiff, 1925 — unos 74.000 dólares (46.850 libras)
Christie's, Londres, octubre de 2010, dentro de una única colección que hizo cerca de un millón de libras en una tarde. El oso es mitad mohair rojo y mitad azul, con un ojo azul y otro marrón, y ya tenía desgaste y color perdido cuando se catalogó. El estado importa menos de lo que parece cuando el objeto es de verdad raro.
10. Tren de hojalata de Francis, Field and Francis, hacia 1850 — 64.900 dólares
Bertoia Auctions, mayo de 2016. La hojalata estadounidense de mediados del siglo XIX casi siempre muestra repintes o resoldaduras, porque aquellos juguetes se reparaban en vez de sustituirse. Este no tenía ni una cosa ni la otra. Se estimó entre quince y veinticinco mil dólares y se lo llevó un coleccionista recién llegado al campo, algo que pasa más de lo que el oficio reconoce.
Qué significa esto para una mesa de lotes donados
La primera lección está en lo alto de la lista. El juguete más valioso jamás vendido en subasta se vendió por una causa, se hizo especialmente para aquella venta y no se podía comprar en ningún otro sitio. Las veladas de recaudación tienen un poder que no tienen las salas normales: quien dona puede crear un objeto que de otro modo no existe. Un fin de semana en la casa de alguien, un retrato de un pintor del barrio, una silla con nombre en una cena. Esos lotes rinden sistemáticamente más que los productos de tienda que hay en la misma mesa, y la página para ONG y galas explica cómo pedirlos.
La segunda es que la calificación y las pruebas convierten un objeto corriente en uno raro. Nadie pagó millón y medio de dólares por un cartucho de videojuego: lo pagó por una caja precintada con un número en la cápsula. Tú no vas a tener calificadores, pero tienes la misma herramienta en versión débil: di en qué estado está la pieza, di quién la tuvo y di qué diferencia a esta de la que se ve en internet. La guía tiene un apartado sobre cómo escribir eso sin exagerar.
La tercera es que las ventas privadas son invisibles por algo. Una subasta publica su resultado, y por eso estas cifras existen y se pueden discutir. En una sala benéfica esa misma transparencia trabaja de verdad: un total acumulado en la pantalla le dice a la gente que la noche va bien, y la gente puja distinto cuando lo ve. Ese comportamiento está descrito en cómo funciona.
Todo esto cabe un sábado por la tarde en el salón de actos de un colegio o en un centro cívico, con veinte lotes y una pantalla al fondo. Si quieres ver cómo se comporta tu lista antes de comprometerte a nada, puedes montarla y ensayar la velada entera: empieza en empezar, y las páginas de ayuda cubren las dudas prácticas.
Precios tal como se informaron en el momento de la venta, con comisión del comprador cuando la casa la indicó.
También merece la pena
Otra cara de la noche — a propósito, y no más de lo mismo.
Montarla no cuesta nada, y puedes ensayar la noche entera antes de decidir.
Empezar a montarla

